La vida sin arte seria un error

Para la performance de IllumiArts en el PAMM, R.B. Schlather usó como metáfora La pasión de la niña de los fósforos de David Lang. La cantata sometida a una radical disección minimalista tan críptica como feroz por parte del director, incitó a la reflexión.


Parte de la base que el joven director debió abrirse camino cuando la NYCO cerró sus puertas y, como la necesidad es la madre de la creación, emprendió la fusión de la ópera con las artes visuales “instalándola” en museos y galerías. Por un lado emprendió una saludable nueva costumbre que revela un mal mayor, la falta de apoyo a las artes y peor aún, la falta de concientización en la audiencia. Por otro, el desamparo de los artistas y la indiferencia del público, esa perniciosa apatía general que genera no sólo algunos bienvenidos cambios, sino también una posible hecatombe en las artes tal como las conocemos, una que podría obliterar una evolución tan vieja como la humanidad. No se trata de erigirse en Casandra, que a la postre razón tenía, sino de estar alertas frente al Caballo de Troya es su lúcida advertencia.


El campo del arte podría dividirse entre “los que hacen” y “los que miran”, calificación demasiado básica pero útil. En ambos casilleros hay inflexibles, soberbios, irónicos, resignados e indiferentes, estos últimos los peores. Esa apatía que empuña R.B. Schlather como daga refleja su devastación personal, la condena a paria, la indiferencia del mundo hacia quien lo necesita (la niña del cuento) como hacia las artes (los intérpretes). Va mucho mas allá de una exitosa performance, señala ese lugar que tanto duele a los que hacen y a algunos conscientes que miran.


En el entorno local propuso una apremiante reflexión: evaluar la importancia del arte y la música en nuestras vidas. Plantearse si los incorporamos a nuestra existencia, si es una costumbre, una constante o un mero pasatiempo del que podríamos prescindir o damos por sentado porque es responsabilidad de otros. Sería demasiado triste comprobar esa necesidad – aquella máxima de Nietzsche La vida sin arte sería un error – cuando hayan desaparecido. Vale recordar en la arrasada Berlin terminada la Segunda Guerra Mundial, los conciertos fueron absoluta prioridad entre las ruinas, la música era un alimento sin el que no se podía vivir, era ese otro pan que nutría el espíritu.

Las artes visuales florecen en Miami pero a no engañarse, también porque es gran negocio debido al movimiento inmobiliario y está bien que así sea. En cambio, la apaleada música mal llamada culta, erudita o clásica, mas que negocio es un lujo que deviene lastre, se la relega sutilmente y hasta menosprecia aquí y en todas partes (casi ni existe como categoría en varios medios, hasta es difícil encontrarla si no se es aficionado); parecería haber sido abandonada a su suerte. Miami es testigo de que ya no tiene una radio clásica, ni una orquesta local acorde a la importancia de la ciudad, la ópera lucha por sobrevivir y la actividad camarística no está nucleada para poder salir adelante; con la excepción del Miami City Ballet, varios frentes subsisten por milagro pero el futuro es incierto por no decir, negro.


Quizás por eso a esta música la llamen clásica, porque es una sobreviviente, porque la han tratado de matar pero no pudieron. Sin ánimo de pontificar, lo que menos necesitamos, sino apelando a ese sentido común la musica clásica es un lujo y una necesidad. Un lujo porque es mas cara que otras. Una necesidad porque al final es lo único que queda, porque sin Bach o Beethoven no existirían los demás.


No todo está perdido, hay quienes aún apuestan por la evolución seria, por no bajar estándards ni claudicar ante modas, banalizaciones y vandalismos; en incorporar lo esencial entre lo nuevo, apoyar lo decantado y lo experimental, sin desvestir a un santo para vestir otro. Hay lugar para todos y todos somos responsables. El ascético matrimonio ópera-museo planteado por Schlather surge de la necesidad, la vendedora muerta de frío es él mismo y los integrantes de la comunidad artística. En este austero ejemplo de “menos es más” está su desafío para combatir la indiferencia. Recuérdelo y recuerden los artistas, nunca dejen de repetir y recordar, cómo sea y cuándo sea, que ‘La vida sin arte sería un error’.

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